jueves, 30 de septiembre de 2010

CUANDO IGNORAMOS LO MEJOR DE LA VIDA Y HACEMOS LAS COSAS COMO EL MUNDO LAS OFRECE

Niños maltratados, golpeados, sometidos a sufrimientos morales y físicos de toda clase, que crecen creyendo que así es la vida, desconocedores de toda cosa que no sea el sufrimiento. Algunos abusados sexualmente por sus propios padres, hermanos o vecinos, creerán cuando ven a otros niños como ellos en la calle o en la escuela que todos pasan por lo mismo cuando van a sus casas. Para ellos, así es la vida.




Se lo ve en sus ojos, ojos tristes hasta cuando sonríen. Ojos que piden ayuda hasta cuando expresan furia o resentimiento, ojos tristes que son una vidriera por donde muestran sus almas al mundo, en silencio y dolor. No hablo simplemente de los chicos que vemos en las calles, limpiando vidrios de autos o pidiendo una moneda al que pasa junto a ellos. Me refiero a esos chicos, y a muchos otros que duermen en cómodas y costosas habitaciones, pero igualmente sufren esas vejaciones.



Para ellos la vida es así, y desconocedores del amor verdadero, del cariño, de los buenos tratos, no pueden concebir que esas cosas no ocurran de manera cotidiana. Hasta que un día alguien les hace una caricia desinteresada, o les regala una muestra de afecto, de preocupación. Algo cruza por sus mentes en ese momento. ¿Cuándo vendrá la violencia, cuando el abuso? La agresividad con que reaccionan muchas veces se anticipa a la siguiente caricia, porque tantos años de heridas recibidas gratuitamente no sanan de un instante a otro. Total o parcialmente, quizás esta sea tu historia, o nuestra historia.



A veces pienso que lo mismo nos ocurre con Dios. Nos han vendido por años un Dios justiciero, duro, siempre listo para el castigo. O también un Dios burocrático, lleno de reglas y exigencias procedurales que se imponen para poder acercarse a El. Será por eso que no podemos comprender que El sea un Mendigo de Amor que se acerca a nosotros buscando una mirada, una palabra que exprese nuestro reconocimiento de Su Presencia. Como el niño o la niña golpeada, preferimos verlo de la manera en que siempre nos han hablado de El. Simplemente, como ese niño no conocía lo bueno, y por eso no lo podía aceptar, nosotros desconocemos la Misericordia y la Bondad de Dios, por eso nos resulta natural verlo como un Dios duro y formalista.



¿Qué han hecho con la imagen de nuestro Señor? De tanto abusar de Su Nombre han abierto heridas que son difíciles de sanar. Pero El es pura Misericordia, puro Amor, siempre dispuesto a recibirnos si es que estamos dispuestos a pedirle perdón y volver a Sus Brazos. Y no es que no existan formalidades en nuestra relación con Dios, existen porque son los modos que El tiene de facilitarnos el llegar a Su lado. Los Sacramentos, por ejemplo, son algo extraordinario cuando comprendemos de corazón cual es su sentido en nuestro camino de salvación. Pero para comprenderlo, primero tenemos que encontrarnos con el Dios de la Misericordia, no con el dios golpeador o intolerante que han querido imponernos como molde manufacturado por la sociedad del consumo.



Nos duele tremendamente ver a esos chicos maltratados y golpeados, hasta las lágrimas. Así le duele a Dios vernos a nosotros mismos maltratados y desconocedores de Su Amor. El nos espera, como un buen padre espera a sus hijos hasta la madrugada, para ver que regresen a casa sanos y salvos. El nos espera, como una buena madre besa a sus hijos y al mismo tiempo los huele para ver si no tienen olor a alcohol. El nos espera, como la madre y el padre que se abrazan y lloran juntos ante la preocupación de ver a un hijo que no va por el camino que ellos le enseñaron.



Lagrimas, lagrimas corren por las mejillas del mundo que ve derramarse ríos de sangre inocente por sus calles, o en ocultas habitaciones donde nadie escucha los quejidos de los pequeños inocentes. Ellos no conocen lo bueno, el amor, las caricias, los retos protectores, las palabras de consejo o consuelo. Y lagrimas corren por las Mejillas de Dios que ve fracturarse la unión de las almas con Su Misericordioso Corazón. Corazón que no quiere otra cosa más que ser amado, porque el Amor quiere ser Amado.

¿CUAL DEBE SER NUESTRA RESPUESTA ANTE LOS PROBLEMAS DE LA IGLESIA?

Homilía del sacerdote Franciscano P. Roger J. Landry, pronunciada en la Parroquia del Espíritu Santo en Fall River, MA (Estados Unidos)  2010


La nota de ocho columnas de la semana pasada no se la llevó el desfile del Super Bowl ni quién sería el mariscal de campo, ni tampoco el discurso del Presidente al Estado de la Unión hablando de los operativos terroristas en los Estados Unidos. Nada de esto fue la noticia principal. Los encabezados fueron capturados por la muy triste noticia de que algunos sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston abusaron de jóvenes a quienes estaban consagrados a servir.
Es un escándalo mayúsculo, uno que muchas personas que durante largo tiempo han tenido aversión a la Iglesia a causa de alguna de sus enseñanzas morales o doctrinales, lo están usando como pretexto para atacar a la Iglesia como un todo, tratando de implicar que después de todo ellos tenían razón. Muchas personas se han acercado a mí para hablar del asunto. Muchas otras hubieran querido hacerlo, pero creo que por respeto y por no querer sacar a relucir lo que consideran malas noticias, se abstuvieron; pero para mí era obvio que estaba en su mente. Y por eso, hoy quiero atacar el asunto de frente. Ustedes tienen derecho a ello.


No podemos fingir como si no hubiera sucedido. Y yo quisiera discutir cuál debe ser nuestra respuesta como fieles católicos a este terrible escándalo. Lo primero que necesitamos hacer, es entenderlo a la luz de nuestra fe en el Señor. Antes de elegir a Sus primeros discípulos, Jesús subió a la montaña a orar toda la noche. En ese tiempo tenia muchos seguidores. Él habló a Su Padre en oración acerca de a quiénes elegiría para que fueran sus doce Apóstoles, los doce que Él formaría íntimamente, los doce a quienes enviaría a predicar la Buena Nueva en Su nombre. Él les dio el poder de expulsar a los demonios. Les dio el poder para curar a los enfermos. Ellos vieron como Jesús obró incontables milagros. Ellos mismos obraron en Su nombre numerosos milagros.


Pero, a pesar de todo, uno de ellos fue un traidor. Uno que había seguido al Señor, uno, a quien el Señor le lavó los pies, que lo vio caminar sobre las aguas, resucitar a personas de entre los muertos y perdonar a los pecadores, traicionó al Señor. El Evangelio nos dice que Él permitió que Satanás entrara en él y luego vendió al Señor por treinta monedas en Getsemaní, simulando un acto de amor para entregarlo. "!Judas," le dijo Jesús en el huerto de Getsemani, "con un beso entregas al Hijo del hombre!" Jesús no eligió a Judas para que lo traicionara.


Él lo eligió para que fuera como todos los demás. Pero Judas fue siempre libre y usó su libertad para permitir que Satanás entrara en él y, por su traición termino haciendo que Jesús fuera crucificado y ejecutado. Así que desde los primeros doce que Jesús mismo eligió, uno fue un terrible traidor. A VECES LOS ELEGIDOS DE DIOS LO TRAICIONAN. Este es un hecho que debemos asumir. Es un hecho que la primera Iglesia asumió. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer.


En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes sí lo viven. En vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya labor, predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. Es gracias a los otros once -todos los cuales, excepto San Juan, fueron martirizados por Cristo y por el Evangelio, por el cual estuvieron dispuestos a dar sus vidas para proclamarlo- que nosotros llegamos a escuchar la palabra salvífica de Dios, que recibimos los sacramentos de la vida eterna.


Hoy somos confrontados por esa misma realidad. Podemos centrarnos en aquellos que traicionaron al Señor, aquellos que abusaron en vez de amar a quienes estaban llamados a servir, o, como la primera Iglesia, podemos enfocarnos en los demás, en los que han permanecido fieles, esos sacerdotes que siguen ofreciendo sus vidas para servir a Cristo y para servirlos a ustedes por amor. Los medios casi nunca prestan atención a los buenos "once", aquellos a quienes Jesús escogió y que permanecieron fieles, que vivieron una vida de silenciosa santidad. Pero nosotros, la Iglesia, debemos ver el terrible escándalo que estamos atestiguando bajo una perspectiva auténtica y completa.


El escándalo desafortunadamente no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en su historia, cuando estuvo peor que ahora. La historia de la Iglesia es como la definición matemática del coseno, es decir, una curva oscilatoria con movimientos de péndulo, con bajas y altas a lo largo de los siglos. En cada una de esas épocas, cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Es casi como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.


Yo quisiera centrarme un poco en un par de santos a quienes Dios hizo surgir en esos tiempos tan difíciles, porque su sabiduría realmente puede guiarnos durante este tiempo difícil. San Francisco de Sales fue un santo a quien Dios hizo surgir justo después de la Reforma Protestante. La Reforma Protestante no brotó fundamentalmente por aspectos teológicos, por asuntos de fe -aunque las diferencias teológicas aparecieron después- sino por aspectos morales. Había un sacerdote agustino, Martín Lutero, quien fue a Roma durante el papado más notorio de la historia, el del Papa Alejandro VI. Este Papa jamás enseñó nada contra la fe -el Espíritu Santo lo evitó- pero fue simplemente un hombre malvado. Tuvo nueve hijos de seis diferentes concubinas. Llevó a cabo acciones contra aquellos que consideraba sus enemigos. Martín Lutero visitó Roma durante su papado y se preguntaba cómo Dios podía permitir que un hombre tan malvado fuera la cabeza visible de Su Iglesia. Regresó a Alemania y observó toda clase de problemas morales.


Los sacerdotes vivían abiertamente relaciones con mujeres. Algunos trataban de obtener ganancias vendiendo bienes espirituales. Privaba una inmoralidad terrible entre los laicos católicos. Él se escandalizó, como le hubiera ocurrido a cualquiera que amara a Dios, por esos abusos desenfrenados. Así que fundó su propia iglesia. Eventualmente Dios hizo surgir a muchos santos que combatieran esta solución equivocada y trajeran de regreso a las personas a la Iglesia fundada por Cristo.


San Francisco de Sales fue uno de ellos. Poniendo en riesgo su vida, recorrió Suiza, donde los calvinistas eran muy populares, predicando el Evangelio con verdad y amor. Muchas veces fue golpeado en su camino y dejado por muerto. Un día le preguntaron cuál era su postura en relación al escándalo que causaban tantos de sus hermanos sacerdotes. Lo que él dijo es tan importante para nosotros hoy como lo fue en aquel entonces para quienes lo escucharon.


Él no se anduvo con rodeos. Dijo: "Aquellos que cometen ese tipo de escándalos son culpables del equivalente espiritual a un asesinato, destruyendo la fe de otras personas en Dios con su pésimo ejemplo". Pero al mismo tiempo advirtió a sus oyentes: "Pero yo estoy aquí entre ustedes hoy para evitarles un mal aún peor. Mientras que aquellos que causan el escándalo son culpables de asesinato espiritual, los que acogen el escándalo -los que permiten que los escándalos destruyan su fe-, son culpables de suicidio espiritual."


Son culpables, dijo él, "de cortar de tajo su vida con Cristo, abandonando la fuente de vida en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía". San Francisco de Sales anduvo entre la gente de Suiza tratando de prevenir que cometieran un suicidio espiritual a causa de los escándalos. Y yo estoy aquí hoy para predicarles lo mismo a ustedes. ¿Cuál debe ser entonces nuestra reacción?


Otro gran santo que vivió en tiempos particularmente difíciles también puede ayudarnos. El gran San Francisco de Asís vivió alrededor del año 1200, que fue una época de inmoralidad terrible en Italia central. Los sacerdotes daban ejemplos espantosos. La inmoralidad de los laicos era aún peor. San Francisco mismo, siendo joven, había escandalizado a otros con su manera despreocupada de vivir. Pero eventualmente, se convirtió al Señor, fundó a los Franciscanos, ayudó a Dios a reconstruir Su Iglesia y llegó a ser uno de los más grandes santos de todos los tiempos. Una vez, uno de los hermanos de la Orden de Frailes Menores le hizo una pregunta. Este hermano era muy susceptible a los escándalos. "Hermano Francisco," le dijo, "¿qué harías tu si supieras que el sacerdote que está celebrando la Misa tiene tres concubinas a su lado?" Francisco, sin dudar un sólo instante, le dijo muy despacio: "Cuando llegara la hora de la Sagrada Comunión, iría a recibir el Sagrado Cuerpo de mi Señor de las manos ungidas del sacerdote."


¿A dónde quiso llegar Francisco? Él quiso dejar en claro una verdad formidable de la fe y un don extraordinario del Señor. Sin importar cuán pecador pueda ser un sacerdote, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia -en Misa , por ejemplo, cambiar el pan y el vino en la carne y la sangre de Cristo, o en la confesión, sin importar cuán pecador sea él en lo personal, perdonar los pecados del penitente, Cristo mismo actúa en los sacramentos a través de ese ministro. Ya sea que el Papa celebre la Misa o que un sacerdote condenado a muerte por un crimen celebre la Misa, en ambos casos es Cristo mismo quien actúa y nos da Su cuerpo y Su sangre.


Así que lo que Francisco estaba diciendo en respuesta a la pregunta de su hermano religioso al manifestarle que él recibiría el Sagrado Cuerpo de Su Señor que sus manos ungidas del sacerdote, es que no iba a permitir que la maldad o inmoralidad del sacerdote lo llevaran a cometer suicidio espiritual. Cristo puede seguir actuando y de hecho actúa incluso a través del más pecador de los sacerdotes. ¡Y gracias a Dios que lo hace!

Y es que si siempre tuviéramos que depender de la santidad personal del sacerdote, estaríamos en graves problemas.


Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados como cualquier ser humano y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Once de los primeros doce Apóstoles se dispersaron cuando Cristo fue arrestado, pero regresaron; uno de los doce traicionó al Señor y tristemente nunca regresó. Dios ha hecho los sacramentos esencialmente "a prueba de los sacerdotes", esto es, en términos de su santidad personal. No importa cuán santos estos sean o cuán malvados, siempre y cuando tengan la intención de hacer lo que hace la Iglesia, entonces actúa Cristo mismo, tal como actuó a través de Judas cuando Judas expulsó a los demonios y curó a los enfermos.


Así que, de nuevo, les pregunto: ¿Cuál debe ser la respuesta de la Iglesia a estos actos? Se ha hablado mucho al respecto en los medios. ¿Tiene la Iglesia que trabajar mejor, asegurándose que nadie con predisposición a la pedofilia sea ordenado? Absolutamente. Pero esto no sería suficiente. ¿Tiene la Iglesia que actuar mejor para tratar estos casos cuando sean reportados? La Iglesia ha cambiado su manera de abordar estos casos y hoy la situación es mucho mejor de lo que fue en los años ochenta, pero siempre puede ser perfeccionada.

Pero aún esto no sería suficiente. ¿Tenemos que hacer más para apoyar a las víctimas de tales abusos? ¡Sí, tenemos que hacerlo, tanto por justicia como por amor! Pero ni siquiera esto es lo adecuado. El Cardenal Law ha hecho que la mayoría de los rectores de las escuelas de medicina en Boston trabajen en el establecimiento de un centro para la prevención del abuso en niños, que es algo que todos nosotros debemos apoyar. Pero ni siquiera esto es una respuesta suficiente ¡La única respuesta adecuada a este terrible escándalo, -, como San Francisco de Sales reconoció en 1600 e incontables otros santos han reconocido en cada siglo-, es la SANTIDAD!

¡Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad! La santidad es crucial, porque es el rostro autentico de la Iglesia. Siempre hay personas -un sacerdote se encuentra con ellas regularmente, ustedes probablemente conocen a varias de ellas también-, que usan excusas para justificar por qué no practican su fe, por qué lentamente están cometiendo suicidio espiritual. Puede ser porque una monja se portó mal con ellos cuando tenían 9 años. O porque no entienden las enseñanzas de la Iglesia sobre algún asunto particular.


Indudablemente habrá muchas personas estos días -y ustedes probablemente se encontraran con ellas- que dirán: "¿Para qué practicar la fe, para qué ir a la Iglesia, si la Iglesia no puede ser verdadera, cuando los así llamados elegidos son capaces de hacer el tipo de cosas que hemos estado leyendo?" Este escándalo es como un perchero enorme donde algunos trataran de colgar su justificación para no practicar la fe. Por eso es que la santidad es tan importante. Estas personas necesitan encontrar en todos nosotros una razón para tener fe, una razón para tener esperanza, una razón para responder con amor al amor del Señor.


Las bienaventuranzas que leemos en el Evangelio de hoy son una receta para la santidad. Todos necesitamos vivirlas más. ¿Tienen que ser más santos los sacerdotes? Seguro que sí. ¿Tienen que ser más santos los religiosos y religiosas y dar un testimonio aún mayor de Dios y del Cielo? Absolutamente. Pero todas las personas en la Iglesia tienen que hacerlo, ¡incluyendo a los laicos! Todos tenemos la vocación de ser santos y esta crisis es una llamada para que despertemos.



Estos son tiempos duros para ser sacerdote hoy. Son tiempos duros para ser católicos hoy. Pero también son tiempos magníficos para ser un sacerdote hoy y tiempos magníficos para ser católicos hoy. Jesús dice en las bienaventuranzas que escuchamos hoy: "Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes."Yo he experimentado de primera mano esta bienaventuranza, al igual que otros sacerdotes que conozco.


A principios de esta semana, cuando terminé de hacer ejercicio en un gimnasio local, salía yo del vestidor con mi traje negro de clérigo. Una madre, apenas me vio, inmediata y apresuradamente apartó a sus hijos del camino y los protegió de mí mientras yo pasaba. Me miró cuando pasé y cuando me había alejado lo suficiente, respiró aliviada y soltó a sus hijos como si yo fuera a atacarlos a mitad de la tarde en un club deportivo.

Pero mientras que todos nosotros quizá tengamos que padecer tales insultos y falsedades por causa de Cristo, de hecho debemos regocijarnos. Es un tiempo fantástico para ser cristianos hoy, porque es un tiempo en el que Dios realmente necesita de nosotros para mostrar Su verdadero rostro. En tiempos pasados en Estados Unidos, la Iglesia era respetada. Los sacerdotes eran respetados. La Iglesia tenía reputación de santidad y bondad. Pero ya no es así. Uno de los más grandes predicadores en la historia estadounidense, el Obispo Fulton J. Sheen, solía decir que él prefería vivir en tiempos en los que la Iglesia sufre en vez de cuando florece, cuando la Iglesia tiene que luchar, cuando la Iglesia tiene que ir contra la cultura.


Esas épocas para que los verdaderos hombres y las verdaderas mujeres dieran un paso al frente y contaran. "Hasta los cadáveres pueden flotar corriente abajo," solía decir, señalando que muchas personas salen adelante fácilmente cuando la Iglesia es respetada, "pero se necesita de verdaderos hombres, de verdaderas mujeres, para nadar contra la corriente." ¡Qué cierto es esto!


Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para mantenerse a flote y nadar contra la corriente que se mueve en oposición a la Iglesia. Hay que ser un verdadero hombre y una verdadera mujer para reconocer que cuando se nada contra la corriente de las críticas, estamos más seguros que cuando permanecemos adheridos a la Roca sobre la que Cristo fundó su Iglesia. Este es uno de esos tiempos. Es uno de los grandes momentos para ser cristianos.

Algunas personas predicen que en esta región la Iglesia pasará tiempos difíciles y quizá sea así, pero la Iglesia sobrevivirá, porque el Señor se asegurará de que sobreviva. Una de las más grandes réplicas en la historia sucedió justamente hace unos 200 años. El emperador francés Napoleón engullía con sus ejércitos a los países de Europa con la intención final de dominar totalmente el mundo.


En aquel entonces dijo una vez al Cardenal Consalvi:


"Voy a destruir su Iglesia" El Cardenal le contestó: "No, no podrá". Napoleón, con sus 150 cm. de altura, dijo otra vez: "¡Voy a destruir su Iglesia!" El Cardenal dijo confiado: "No, no podrá.! Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!"

Si los malos Papas, los sacerdotes infieles y miles de pecadores en la Iglesia no han tenido éxito en destruirla desde su interior -le estaba diciendo implícitamente al general- ¿cómo cree que Ud. va a poder hacerlo?

El Cardenal apuntaba a una verdad crucial. Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase. El prometió que las puertas del infierno no prevalecerían sobre Su Iglesia, que la barca de Pedro, la Iglesia que navega en el tiempo hacia su puerto eterno en el cielo, nunca se volcará, no porque aquellos que van en ella no cometan todos los pecados posibles para hundirla, sino porque Cristo, que también está en la barca, nunca permitirá que esto suceda. Cristo sigue en la barca y Él nunca la abandonará. La magnitud de este escándalo podría ser tal, que de ahora en adelante ustedes encuentren difícil confiar en los sacerdotes de la misma manera como lo hicieron en el pasado. Esto puede suceder y podría no ser tan malo.


¡Pero nunca pierdan la confianza en el Señor! ¡Es Su Iglesia! Aún cuando algunos de Sus elegidos lo hayan traicionado, Él llamará a otros que serán fieles, que los servirán a ustedes con el amor que merecen ser servidos, tal como ocurrió después de la muerte de Judas, cuando los once Apóstoles se pusieron de acuerdo y permitieron que el Señor eligiera a alguien que tomara el lugar de Judas y escogieron al hombre que terminó siendo San Matías, quien proclamó fielmente el Evangelio hasta ser martirizado por él.


¡Este es un tiempo en el que todos nosotros necesitamos concentrarnos aún más en la santidad! ¡Estamos llamados a ser santos y cuánto necesita nuestra sociedad ver ese rostro hermoso y radiante de la Iglesia! Ustedes son parte de la solución, una parte crucial de la solución. Y cuando caminen al frente hoy para recibir de las manos ungidas de este sacerdote el Sagrado Cuerpo del Señor, pídanle a Él que los llene de un deseo real de santidad, un deseo real de mostrar Su autentico rostro.


Una de las razones por las que yo estoy aquí como sacerdote para ustedes hoy es porque siendo joven, me impresionaron negativamente algunos de los sacerdotes que conocí. Los veía celebrar la Misa y casi sin reverencia alguna dejaban caer el Cuerpo del Señor en la patena, como si tuvieran en sus manos algo de poco valor en vez de al Creador y Salvador de todos, en vez de a MI Creador y Salvador. Recuerdo haberle dicho al Señor, reiterando mi deseo de ser sacerdote: "¡Señor, por favor, déjame ser sacerdote para que pueda tratarte como Tú mereces!" Eso me dio un ardiente deseo de servir al Señor.

Quizá este escándalo les permita a ustedes hacer lo mismo. Este escándalo puede ser algo que los conduzca por el camino del suicidio espiritual o algo que los inspire a decir, finalmente, "Quiero ser santo, para que yo y la Iglesia podamos glorificar Tu nombre como Tú lo mereces, para que otros puedan encontrarte en el amor y la salvación que yo he encontrado." Jesús está con nosotros, como lo prometió, hasta el final de los tiempos. Él sigue en la barca. Tal como a partir de la traición de Judas, Él alcanzo la más grande victoria en la historia del mundo, nuestra salvación por medio de Su Pasión, muerte y Resurrección, también a través de este episodio Él puede traer y quiere traer un nuevo renacimiento de la santidad, para lanzar unos nuevos Hechos de los Apóstoles en el siglo XXI, con cada uno de nosotros -y esto te incluye a TI- jugando un papel estelar.

Ahora es el tiempo para que los verdaderos hombres y mujeres de la Iglesia se pongan de pie. Ahora es el tiempo de los santos. ¿Cómo vas a responder tú?

domingo, 26 de septiembre de 2010

LOS RICOS Y LOS POBRES

 Amós 6, la. 4-7
Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10
Timoteo 6, 11-16
san Lucas 16, 19-31

De nuevo en este domingo, se nos presenta con la viveza de las palabras proféticas y con la sencillez de una parábola el tema de la división de los hombres en ricos y en pobres. Son mucho más numerosos los pobres que los ricos. Un problema grave en nuestra sociedad es la insensibilidad ante las estadísticas. Todos corremos el peligro de olvidarnos de los pobres, pasar de ellos en cualquier semáforo o acostumbrarnos a su presencia.

Hablar de los ricos no es difícil. Son los que centran como única preocupación de su vida la comida y la bebida, los que reducen toda su filosofía existencial a un concepto de hedonismo materialista, los que se acuestan en 1echos de marfil” en un lujo despreocupado e insultante, los que creen que la vida es una orgía de olores, de sonidos y sensualidades, los injustos que explotan a los más débiles.

Es más fácil elogiar la pobreza que soportarla, pues siempre humilla al hombre y a algunos los hace humildes, pero a los demás los hace malévolos. De ahí que cuando se experimenta la pobreza, se aprende a compadecer la de tantos desgraciados que giran en cualquier necesidad humana o espiritual. La pobreza de bienes es remediable, mas la del alma es casi irreparable.

¿Cuál es la enseñanza de la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro? No es que los ricos se condenarán y los pobres se salvarán. No es invitar a un conformismo pasivo a los que carecen de casi todo en este mundo, porque se verán recompensados en la otra vida. El mensaje es que no se puede poner la confianza y la seguridad de la salvación en las riquezas, que no se puede despreciar y marginar a los pobres, que el Reino de Dios no se alcanza por la simple pobreza sociológica sino por cumplir las exigencias de la palabra revelada.

La Parábola, así llamada, del Rico Epulón y del Pobre Lázaro, que escuchamos este Domingo (Lectura del Evangelio), está situada tras la reiterada enseñanza de Jesús sobre el uso -el mal uso- de las riquezas. Recordemos el despilfarro del Hijo Pródigo y el derroche del Administrador Injusto y las advertencias, que el Señor nos hace sobre el dinero, a continuación de esta última Parábola, que escuchábamos el Domingo pasado.


La Parábola, que hoy escuchamos, va dirigida precisamente a los fariseos, a quien Jesús acusa de ser “amigos del dinero”. Había entre ellos quienes pensaban que la mera posesión de riquezas era signo de bendición de Dios, más aún, anticipo de los bienes eternos, sin tener en cuenta el uso, que de los bienes temporales se haga La Parábola desmiente esta aberración.


Oportunamente escuchamos en la lª Lectura un fragmento del Libro del Profeta Amós, que nos describe, no obstante la distancia de siglos, el escenario de la vida regalada, del Rico Epulón, que “se vestía de, púrpura y de lino y se banqueteaba espléndidamente cada día” “Ay de los que se fían de Sión” (de Dios) -exclama el Profeta-y en su opulencia (dice en el fondo) son insensibles ala menesterosidad de tantos “Lázaros” Llegará un día en que “se acabe la orgía de los disolutos” *

La Parábola es singular y sorprendente. No parece ser invención de Jesús, que la cuenta tal como la ha recibido. Hay en ella expresiones tales como “el seno de Abraham” (lugar de los justos difuntos), que el Señor no suele emplear en su enseñanza sobre el más allá de este mundo. As¡ como la recomendación de “escuchar a Moisés y a los Profetas “, omitiendo la enseñanza, que el mismo Jesús imparte.

Y ¿quién es “el Mendigo Lázaro, cubierto de llagas… ‘? Al parecer no es un mero pobre. Es imagen del Pobre humillado, olvidada, que sufre pacientemente, religiosamente, y que encuentra definitivamente “su consuelo ” en Dios. Es prototipo del “Pobre del Señor”, a quien se le reconocen funciones proféticas (el Servidor dc Dios del Libro del Profeta Isaías), “Padre Abraham (dirá el Rico condenado), envía a Lázaro … para que, con su testimonio evites … y se arrepientan.., ” Lázaro es así imagen del mismo Cristo.

“EL LLAMADO DE MOISES Y EL LLAMADO DEL CRISTIANO”

Una de las experiencias más solemnes y trascendentes de la vida del cristiano es el llamado específico de Dios a hacer algo. La historia de Israel y de la Iglesia nos presenta numerosos relatos de personas a quienes Dios llamó para cumplir una tarea especial. El llamado y las respuestas-dadas fueron tan diversos como los individuos que fueron llamados.

Algunos huyeron, otros discutieron, y aún otros respondieron en obediencia inmediata. El elemento compartido por todos ellos fue la toma de una decisión. El relato del llamado de Moisés nos describe la asombrosa experiencia de un hombre. Este relato anima a los que ven sólo sus debilidades a enfocarse en Dios.

Uno de los principios fundamentales del servicio a Dios es que la tarea asumida se origina en el llamado de Dios. Nadie, sean cuales sean los talentos o la posición que tenga, podrá establecerse ante la presencia de Dios. Los puestos de servicio espiritual son dados por Dios soberanamente.



El relato de la vida de Moisés en Madián hace hincapié en esta verdad. La frase "apacentando Moisés las ovejas" en el idioma hebreo indica que éste era el oficio de Moisés; era pastor. Estaba viviendo tranquilamente en el exilio, lejos del puesto de príncipe que tuvo en Egipto.

Dios no llamó a Moisés cuando éste gozaba de los deleites del palacio de Faraón o de su preparación en la escuela de los egipcios. Más bien, este llamado de ser profeta nos muestra una rotura radical con todos los lazos del pasado. Cuando Moisés tuvo ese encuentro con Dios en forma de la zarza ardiente, no lo vemos preocupado con la situación del pueblo hebreo, ni con un deseo de ser su libertador. Más bien, todo el relato del llamado de Moisés se presenta como algo iniciado por Dios.

¿Qué peligros enfrentan los cristianos si creen que el éxito o el fracaso en la obra de Dios dependen de ellos en lugar de Dios?

Los cristianos nunca deben olvidar la solemne responsabilidad de ser representantes de Dios. De la misma manera, nunca deben olvidar que después de todo, es Dios que cumple las tareas que Él les asigna. Son sólo instrumentos en sus manos

Mientras que el llamado de Dios a una tarea especial se basa en la soberanía y la gracia de Dios, la voluntad e iniciativa humana también están presentes y activas. Este pasaje nos enseña que al principio Moisés resistió el llamado de Dios en su vida. Su caso no es el único en las Escrituras. Otros dos ejemplos son Gedeón (Jueces 6:11-40) y Jeremías (Jeremías 1:1-12). Pero estos ejemplos muestran que, a pesar de la reserva humana. Dios puede transformar vidas. Moisés con el tiempo sería el gran líder de Israel durante este período formativo de la historia del pueblo.

Moisés resistió el llamado de Dios presentando cinco razones distintas (3:11; 3:13; 4:1; 4:10; 4:13). Dios consideró cada una seriamente y las contestó en forma completa y maravillosa.

Una correcta perspectiva de sí mismo en relación con Dios y su obra es fundamental para que el servicio espiritual sea efectivo. Esto nos recordará de quién es la obra, y refuerza el conocimiento de que Dios es el que realmente cumple la obra.

La respuesta de Dios a Moisés fue directa y poderosa; el asunto no era quién era Moisés, sino quién era el que lo llamó. Mientras más íntimamente conocemos a Dios, mejor nos entenderemos a nosotros mismos. Con una certidumbre absoluta. Dios le prometió a Moisés que Él iría con él. Para reforzar esta promesa. Dios le dio a Moisés una señal. Esta señal (la zarza ardiente) tuvo dos funciones: (1) Era una señal visible del poder y de la santidad de Dios que ha irrumpido en la escena de la experiencia humana; y (2) señaló el futuro seguro de un pueblo redimido adorando a su Dios en su santuario.

La segunda reacción de Moisés refleja una segunda pregunta fundamental para todo cristiano: "¿Quién es Dios?" Más específicamente la pregunta debe ser: "¿Realmente sé quién es el que me llamó?"

¿Qué pasos prácticos podemos tomar para crecer en el conocimiento de Dios?

El cristiano debe dedicar su vida a obtener más conocimientos de Dios. La lectura sistemática de la Biblia y la oración son pasos vitales y necesarios para crecer en el conocimiento de Dios. Mientras existe el elemento de divinidad soberana para conocer a Dios (Mateo 11:27), también existe el elemento de voluntad humana que responde positivamente a la dirección interna del Espíritu Santo (Salmo 27:8).

Dios expresó sus intenciones y futura relación con Israel a Moisés al revelarse como YO SOY EL QUE SOY.

¿Cómo se ha revelado Dios a usted por medio de Su poder?

Dios continúa revelándose a sí mismo a aquellos que lo buscan. Él desea una íntima relación con Sus hijos; desea ser conocido de una manera personal.

Los que responden al llamado de Dios tienen la promesa de su presencia, poder y providencia

viernes, 24 de septiembre de 2010

NO LUCHES CONTRA DIOS

Vivimos por estos días en un mundo teñido por los benéficos efectos espirituales de la película “La Pasión”. Sin dudas que todo es una Gracia de Dios, un intento más de nuestro Señor (¡y cuántos van!), para hacernos reflexionar sobre el verdadero sentido de la Cruz.

Ver la película produjo en mi muchos efectos, los más de los cuales me llevaron al llanto, pero un llanto que fue mezcla de vergüenza por no poder ser un hijo digno frente al amor de nuestro Dios, un llanto de tristeza al lograr comprender un poco más lo que El y Su Madre sintieron aquel día, y también un llanto de emoción espiritual, una alegría interior que explotó en mi corazón al lograr unirme a la Cruz de mi Dios amado, mi Cristo. ¡Una gran mezcla de sentimientos!.


Pero una de las partes de la película que más me sacudió, fue el juicio del Señor en el Sanedrín. Allí se pudo ver el heroísmo de judíos fariseos fieles y nobles al legado del Pueblo elegido, que trataron de detener semejante injusticia. Y también se vio el liderazgo perverso de unos pocos que, llenos sus corazones de odio, envidia, interés personal, ansia de poder y tantas otras miserias humanas, arrastraron a muchos en dirección al precipicio espiritual más profundo que ha existido en la historia del mundo: el Deicidio, el asesinato del propio Dios. Una trama tremenda, por lo que estaba en juego, por el impacto que tendría sobre el futuro del mundo, por las enseñanzas que nos debe dejar lo que allí ocurrió.
Yo me he preguntado a propósito de esta escena: está claro que algunos de los que juzgaron a Jesús, los miembros del Sanedrín, sabían que se condenaba al Dios hecho Hombre, al verdadero Mesías. Si, fueron unos pocos, y algunos de ellos decidieron defenderlo (Nicodemo, José de Arimatea, quizás Gamaliel), mientras otros decidieron condenarlo. Sin embargo, estoy seguro que muchos fueron engañados (engañados por hombres y demonios, claro está) y no fueron concientes de la gravedad de lo que hacían. Sin embargo, ¡lo hicieron!. ¿Qué sintieron en sus corazones en ese momento?. ¿Tenían la información necesaria para evitar semejante error, y el consecuente daño para sus almas?.



Yo creo, perdón Dios si me equivoco, que si. Me trato de ubicar en la escena, a nivel espiritual: sin dudas que todo el infierno estaba en ese momento allí, tentando a todos los que participaban de semejante cuadro. ¡Cómo no iban a hacerlo!. En aquellas escasas horas se dilucidó la batalla que hizo perder la guerra a satanás y sus cohortes de espíritus inmundos, ángeles caídos. Las personas, por más que no lo sabían a nivel humano, recibían toda clase de pensamientos inoculados por los demonios, que los empujaban a condenar al Amor, al Dios Vivo. Y por supuesto, algunos no sólo eran tentados, sino que trabajaban gustosos para el odio, habían entregado su voluntad al mal. El mayor esfuerzo del infierno se descargó sobre ese recóndito punto de Palestina en aquel instante. Y muchos, tristemente, cayeron, aunque unos de modo más grave que otros. Desde la caída definitiva de Judas (un apóstol, un amigo de Jesús, ¡un obispo de la naciente iglesia!) hasta la caída transitoria de Pedro (el primer Pontífice cayó en una triple negación en ese crucial momento). Sin embargo, la caída de Pedro fue recogida por el amor que Jesús y Maria habían sembrado en su corazón, y germinó transformándose en un pilar fundamental de la humildad que debía tener nuestro primer Papa, y también nuestra Iglesia primitiva, naciente.


¡Pero qué triste fue la caída, aquel día, de los que lo condenaron en el Sanedrín!. Satanás los acosó, es cierto, y también es cierto que los líderes perversos que había acogido tan maléfico plan desde tiempo atrás, también los empujaron. ¿Pero es que acaso no veían que tenían delante de ellos al Amor?. ¿Qué pecado veían en un Hombre que sólo hablaba de amor, de perdón, de ser fiel a Dios?. Los gritos que escuchaban (interiores y exteriores) los aturdieron, pero lo que veían era suficiente prueba como para darse cuenta de que delante de ellos estaba Dios, el Dios de Abraham y Moisés, hablándoles una vez más como lo hizo a través de los profetas. Y sin embargo, gritaron ¡crucifícalo!.



Hermano, te hablo a ti, si a ti. No, no hay error, no le hablo a otro lector, le hablo a tu corazón. Te voy a pedir algo, con lágrimas en los ojos: nunca, pero nunca luches contra Dios, contra Sus intentos de hablar a los hombres, de llevarlos al amor. Piensa, ¿cómo fueron capaces, esos sacerdotes del Templo de Jerusalén, de condenar a ese Hombre que estaba delante de ellos, aún concediéndoles que no aceptaran o no supieran que era el Hombre Dios?. ¡Al menos algunos de esos hombres creían hacer lo correcto, aunque nos parezca imposible!.

Tú, dos mil años después, antes de lanzar una acusación, un juicio, una condena o una palabra, piensa en lo que pasó aquel día. Cuando Dios actúa en nuestros tiempos, también satanás descarga sus redoblados esfuerzos de tentación sobre todos nosotros, como lo hizo en aquellas horas de Gloria y tragedia. Sabes bien que a cada uno va a tratar de tumbar, humana y espiritualmente. Así que, te lo pido por favor, lucha contra la tentación, contra el tentador y contra sus secuaces aquí en la tierra. No dejes que nada te haga luchar contra tu Dios. Que nada te haga oponerte al amor, a la tolerancia, a la paciencia, ¡a la magnanimidad!.



Vuelve a leer ésta meditación, y ubícate mental y espiritualmente como uno de los integrantes del Sanedrín de aquel día.

¿Acaso no puede la vida colocarte en una situación similar, acaso Dios no puede enviarte alguien con Sus mensajes de amor y conversión, sea quien sea?
¿Y tú, cómo reaccionarías?

LOS TIEMPOS DE DIOS

Tres tiempos ha pensado Dios para el desarrollo de la historia de la humanidad, dentro del gran misterio que representa Su Plan para nosotros.



Los primeros tiempos fueron los de la Creación, los tiempos del Padre que con Su Pensamiento y Su Voluntad creó todo lo que nos rodea. Y fueron también los tiempos de la Fe: Fe en la existencia de un Dios único, omnipotente, lleno de amor por sus criaturas. Pero, fue el propio hombre el que corrompió la perfección de esa creación, haciendo uso de su voluntad, del libre albedrío que Dios le dio. Y fue utilizando mal ese libre albedrío que el hombre volvió a caer, una vez más, olvidándose en forma creciente del Dios Creador.


Dios Padre abrió entonces la puerta a los segundos tiempos: los de la Redención, los tiempos de la Salvación, tiempos del Hijo. Y sin dudas que estos tiempos fueron los de la Esperanza, ya que el Mesías nos trajo el anuncio del Reino, la promesa de un futuro de felicidad. La llegada de Cristo abrió las puertas del Cielo y también abrió nuestros corazones al Arca en que Dios quiso resguardarnos de los males del mundo: María. ¿Acaso podía el Padre elegir un modo imperfecto en el acto de dar Su naturaleza Humana al Hombre Dios, a Su Hijo?. Los tiempos de la redención no pueden entenderse, entonces, sin unir a Madre e Hijo, Redentor y Corredentora, en la Pasión, Muerte y Resurrección que nos conducen a la esperanza de una vida de plenitud.

Y fue el mismo Jesús quien anunció la llegada del tercer tiempo en la historia de la humanidad, al anticipar la venida del Espíritu Santo, Espíritu de Santificación. Estos son, entonces, los tiempos de la Santificación. Y son también los tiempos de la caridad, ya que el Espíritu Santo es Espíritu de Amor, como Jesús nos lo enseñó con su nuevo y principal mandamiento. De este modo, el Espíritu de Dios se derrama sobre el mundo, buscando los corazones que le den acogida, que lo dejen actuar. Somos los hombres los que debemos reconocer y facilitar su accionar, por el camino de la humildad y el amor. En estos tiempos es el Espíritu Santo el que habla a través de quienes Evangelizan y llevan el mensaje renovado (¡una vez más!) por obra del Soplo Divino. Llevar a las almas a Dios es la caridad perfecta, es el amor que difunde el mensaje de Salvación.

De este modo hemos visto una humanidad que ha recorrido distintas etapas a lo largo de su historia:


Los tiempos del Padre, de la Creación, del Pensamiento Divino que todo lo hizo. Fueron tiempos de Fe.


Los tiempos del Hijo, de la Redención, del amor del Padre expresado en el Hombre Dios, nacido de la Nueva Eva, la Mujer Perfecta. Son los tiempos de la Esperanza.


Y finalmente los tiempos del Espíritu Santo, de la Santificación, del amor derramado sobre el mundo. Tiempos de Caridad.


Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Creación, Redención y Santificación.

Fe, Esperanza y Caridad.


Dios ha desarrollado su Plan de manera perfecta, dejando que en cada tiempo se manifieste un aspecto nuevo y maravilloso de Su Divinidad. Es un camino con un destino cierto, un destino de plenitud. Cuando se haya alcanzado esa plenitud, cuando el plan esté completo, estaremos en condiciones de presenciar el gran final que el Señor nos tiene preparados. ¿Cuándo?. ¿Cómo? ¡Solo El lo sabe!

4 PASOS PARA ESTAR CON DIOS

1. ¡Dios le ama!


La Biblia dice, “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna.”



El problema es que…



2. Todos nosotros hemos hecho, dicho o pensado cosas malas. Eso se llama pecado y nuestros pecados nos han separado de Dios.

La Biblia dice “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” Dios es perfecto y santo, y nuestros pecados nos han separado de Dios para siempre. La Biblia dice “la paga del pecado es muerte”



Las buenas nuevas es que hace 2000 años,



3. Dios mando a su hijo Jesucristo a morir por nuestros pecados.

Jesús es el Hijo de Dios. Vivió una vida sin pecados y murió en la cruz para pagar por nuestros pecados. “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”



Jesús resucito de entre los muertos y ahora esta en el cielo con Dios Padre. Jesús nos ofrece el regalo de la vida eterna – de vivir por eternidad con El en el cielo si lo aceptamos como Señor y Salvador.



Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mi.”



Dios se nos acerca con amor y quiere que seamos sus hijos. “Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”Usted puede pedirle a Jesús que le perdone sus pecados y que entre en su vida como Señor y Salvador.



4. Si quiere aceptar a Cristo solo le tiene que pedir que sea su Salvador y Señor orando una oración como esta:

"Señor Jesús, creo que eres el Hijo de Dios. Gracias por morir en la cruz por mis pecados. Por favor perdóname mis pecados y dame el regalo de la vida eternal. Te pido que entres en mi vida y mi corazón y que seas Señor y Salvador. Quiero servirte siempre."



Oró esta oración?


jueves, 23 de septiembre de 2010

¿SABEMOS ORAR?

He estado pensando acerca de la oración…


Pienso que muchas de nuestras oraciones, súplicas y ruegos a Dios no tienen mucho sentido…
precisamente porque:

generalmente le estamos pidiendo a Dios algo que ya nos ha dicho que desea entregarnos.



Por ejemplo, casi todos nos pasamos la vida pidiendo a Dios que nos bendiga y nos proteja. Y eso, bien pensado, me parece que es bastante extraño puesto que Dios lleva toda su vida diciendo que nos ama, que su voluntad es llenar nuestra vida de felicidad y bendiciones. Continuar pidiéndoselo todos los días es un poco raro. Es como si no termináramos de creerlo. ¡Empecemos a dar gracias porque su bendición está sobre nosotros!

Hace poco estaba en el hospital con mi bebé ingresado y empecé a sentir miedo. Entre otras cosas, tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte. Me puse a orar para pedir fuerzas, y el Espíritu Santo me recordó dos cosas:

 La primera, que él no comparte ese temor conmigo. Porque el miedo jamás viene de Dios. Y al recordar eso, pude desechar todos mis miedos ¡al instante!

La segunda, que Él ya había prometido darme todas las fuerzas que necesitaba: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). También me susurró “No temas, porque yo estoy contigo. No desmayes, porque yo soy tu Dios que te da fuerzas.” (Isaías 41:10) Al escuchar estas palabras, las creí. Y al creerlas, de repente pedir perdió el sentido. Empecé a dar gracias.

¡Gracias porque soy fuerte en ti! ¡Gracias porque tú no me abandonas!

“Pedir” perdió el sentido…

¿Pero entonces qué hacemos? ¿Dejar de orar? De ninguna manera. La oración es nuestra forma de hablar con Dios.

Pero al comprender y creer lo que Dios quiere para nosotros, nuestras oraciones dejan de ser esas insulsas
peticiones-súplicas, y comienzan a ser oraciones de fe y gratitud. Fe, porque estás creyendo lo que Él dice.

Gratitud, porque todo lo que Él quiere para nosotros es bueno.

Piensa esto, ¿debemos intentar convencer a Dios de algo? ¿Es Él tan poco generoso que debemos estar
recordándole cada día las cosas que nos hacen falta? ¿Y si no se las pedimos a diario dejaría de darlas? ¡Qué criaturas absurdas y supersticiosas somos a veces! La oración de cristiano que cree a Dios será la mayor parte del tiempo una oración de gratitud y alabanza. ¿Cómo podría ser de otra manera?

Ahora, si estás leyendo esto y reconoces que muchas de tus oraciones son esas peticiones-ruegos-súplicas, y te das cuenta que mucho de lo que pides está de más porque Dios ya ha hablado y ha dicho que te quiere conceder lo que le pedías…

¡Ni se te ocurra sentirte mal! A Dios eso no le gustaría. No me cabe la menor duda de que Él ha escuchado cada una de tus oraciones con mucho cariño.

¡Pero la oración de gratitud trae tanta alegría!
¡La oración de confianza tanta satisfacción!
¡La oración de fe viene con tanta victoria!

…y es que, cuanto más pienso en ello, más convencida estoy de que no hay una existencia más hermosa que la del cristiano que cree a Dios.

Filipenses 4:19 “Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”



¿Lo crees?.

EL AMOR VERDADERO

El amor verdadero es el amor salvador de Dios

El amor de Dios por ti es real...
tan real que mandó a Jesús, su hijo, al mundo a salvarte.

"Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por
él.

El que en él cree, no es condenado pero el que no cree, ya ha sido condenado porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios." Juan 3.16-18.

El amor verdadero te trae perdón

Confiesa tus pecados a Dios, quien te perdona y los tira al fondo del mar.

"Este es el mensaje que Jesucristo nos enseñó y que les anunciamos a ustedes: que Dios es luz y que en él no hay ninguna oscuridad. Si decimos que estamos unidos a él, y al mismo tiempo vivimos en la oscuridad, mentimos de palabra y de hecho. Pero si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces hay unión entre nosotros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros; pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios hará lo que es justo: nos perdonará nuestros pecados y nos
limpiará de toda maldad. Si decimos que no hemos cometido pecado, hacemos que Dios parezca mentiroso y no hemos aceptado verdaderamente su palabra". 1 de Juan 1.5-10

El amor verdadero te ofrece una nueva vida.

Ya que conoces el amor y el perdón de Dios has recibido una vida nueva.

Queridos hermanos, debemos amarnos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Dios mostró su amor hacia nosotros al
enviar a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por él. El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo, para que, ofreciéndose en
sacrificio, nuestros pecados quedaran perdonados.

Queridos hermanos, si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros. 1 de Juan 4.7-11

El amor verdadero te conduce a amar a otros.

Porque Dios te ama, eres libre para amar a Dios y amar a otros.

"Dios es amor, y el que vive en el amor, vive en Dios y Dios en él. De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es
Jesucristo. Donde hay amor no hay miedo. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo, pues el miedo supone el castigo. Por eso, si alguien tiene miedo, es que no ha llegado a amar perfectamente.

Nosotros amanos porque él nos amó primero. Si alguno dice: "Yo amo a Dios", y al mismo tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si uno no ama a su hermano, a quien ve, tampoco puede amar a Dios, a quien no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiemto: que el que ama a Dios, ame también a su hermano". 1 de Juan 4.16b-21

El amor verdadero te ofrece vida eterna.

Ahora perteneces a Dios, quien te da vida eterna.

"Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos
unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna". 1 de Juan
5.20.

martes, 21 de septiembre de 2010

UNA GENERACION QUE DESCONOCE LA PALABRA DE DIOS


Hay muchas personas, incluso cristianos, que desconocen la Biblia. Más del sesenta por ciento de estadounidenses desconocen cinco de los diez mandamientos o los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento.

Algunos líderes de la iglesia dicen que en la historia no ha habido una generación tan ignorante de la Biblia como la actual. Una razón es que los jóvenes cristianos se dejan guiar por la cultura popular en vez de seguir las Escrituras. Las consecuencias de esto podrían ser devastadoras, no sólo para la iglesia sino también para toda la sociedad.

La mayoría de los que se dicen cristianos creen que ni Satanás ni el Espíritu Santo realmente existen. Y aunque la Biblia dice claramente que en Cristo jamás hubo pecado, 22% de ellos creen que Jesús pecó cuando estuvo en la tierra.

Un ochenta por ciento de los entrevistados, incluyendo cristianos nacidos de nuevo, creen que el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará” se encuentra en la Biblia. Y el 31 por ciento cree que basta con ser bueno para ganar la entrada al cielo.

Si uno no conoce la Biblia, va a caer en toda clase de errores, y toda clase de problemas. Es lo que pasa con México y muchos países.
Es peligroso ser “espiritual” sin conocer la palabra de Dios: Si uno se aparta de la verdad, entra en el campo de la decepción, y al final, piensa que está caminando con Dios, pero no está caminando con Dios. Cuando fue tentado, Jesús dijo, ´Escrito está’… Esta generación tiene que decir ‘Escrito está’, tiene que conocer la Palabra para vencer al enemigo. Hoy los cristianos parecen seguir la cultura popular como lo es el divorcio, que es tan común en hogares cristianos como en los no-cristianos y muchos evangélicos apoyan el matrimonio homosexual.

Nos estamos dando cuenta que a esta generación les han enseñado que la moral es relativa. Los sacerdotes creen en una moral relativa porque no han predicado la verdad de la Palabra de Dios a esta generación. La familia es la raíz de la nación. Si no les enseñan a los hijos la verdad, los van a perder.

Lo más triste es que las y los jóvenes desmayan de sed espiritual, pues son idealistas y necesitan una razón para vivir, y lo único que realmente satisface esa hambre es la Palabra de Dios.

Lo alentador es que algunos jóvenes sí toman la Biblia como base para vivir conforme a lo que Dios habla en ella. SÍ, toma la Biblia en serio como palabra de Dios. Es bueno basar la vida en ella porque puede ayudar mucho y si uno cree firmemente en algo, no caerá fácilmente en cualquier cosa.

¿QUÉ TANTO SABES DE LA HUMILDAD?


Uno no puede Amar sin ser humilde, por que la Verdad, es que el Amor es una Respuesta, una respuesta al Amor de Dios, y para ello requerimos sabernos necesitados, necesitamos sentirnos pequeños, saber que sin Dios no somos nada, sabernos Amados por el Amor infinito de la Santisima Trinidad, solo asi, en esa humildad podremos decir "Fiat!" SI, confio, hagase tu voluntad, solo en esa entrega encontramos la fuerza y la valentia para enfrentarnos a la vida y sus pruebas de amor.

Increiblemente, ahi en esa humildad de aquel que se sabe necesitado, es donde encontramos la mas grande de las fuerzas.. (y la mas grande de las alegrias) por que cuando aceptamos y dejamos entrar el Amor y la Gracia de Dios, cuando bajamos la guardia ante Dios, El nos eleva y nos repleta el corazón de fuego.

No existe mayor fuerza que cuando somos debiles en el amor... la Santidad es una resolución, el valiente acto de doblegar de una vez y para siempre la propia voluntad al amor de Dios, que es su voluntad.... AUN, en las dificultades, AUN en las pruebas... por que en toda humildad y verdad sabemos que somos pequeños en los brazos de Dios y que aun antes de haber dado el primero de nuestros respiros, ya estabamos en deuda eterna con nuestro Señor una deuda que no podremos pagar jamás.... Siempre Fieles! Gracias DIOS!

La Humildad nos permite entender y poseer la verdadera fuerza del amor...
nos permite acojer el amor de Dios con Fe, y nos permite amar con esperanza...
en la fidelidad de saber que el amor de Dios es eterno, e inmutable...
de saber que la bondad, la entrega, la rectitud, el cariño, la ternura, la sencilles son mas fuertes
que todos los poderes del mundo...

Saber que ser Santo no es ser tonto... por que el Santo no se doblega JAMAS! ante el pecado, ante la tentación, ante el MAL.. solo se arrodilla para orar y reconocerse necesitado de Dios...
pero ¿si la voluntad de Dios es que amemos, y que cuidemos aquello que pone a nuestro cargo, como podremos pues lograrlo si no aceptamos el fuego del Espiritu Santo en nuestro corazón?

La humildad de nuestra Madre le permitio acojer la Voluntad de Dios con todo el corazón, con fidelidad y confianza, pero precisamente ello fue lo que la lleno de un Amor tal, de un amor tan fuerte que fue capaz de entregar a su propio hijo, y de presenciar su sacrificio con entereza y firmeza aun en el mas grande sufrimiento, de pie, al pie de la Cruz.

Carlos Bartolomè Santos

UNA MAGNIFICA LEYENDA


¿Deseamos Aventura? ¿Amamos las historias de Amor? ¿Ansiamos mas que nada la inmortalidad, la leyenda, la eternidad? ¿Grabar nuestros nombres en las estrellas, en la tracendencia que va mas alla de los siglos y los tiempos?

DESPIERTA!, TU QUE DUERMES! que estas en medio de la mas grande de las aventuras (la unica verdadera aventura), de las mas grande de las conquistas, de la mas grande historia de Amor... ¿No entiendes el dolor? ¿No entiendes el sufrimiento? ¿Te desconcierta la curiosa naturaleza humana, que ama, desea, añora la felicidad y el bien pero termina haciendo lo que no quiere, deseando lo que sabe no desea?... el hombre que de tanto pecar, de tanto errar, de tanto caer se conforma y aprende a querer eso q precisamente jamás deseo, jamás amo, aquello que lo hace cobardemente olvidar que no reposara hasta que no logre llenar ese gran hueco en el corazón...

Despierta!!!! que el dolor y el sufrimiento son PRUEBAS DE FIDELIDAD!... son pruebas del Amor, es la Voluntad de Dios unida con el hombre, es el Amor de Dios llevado hasta el corazón del hombre contra todas las tentaciones, concupiscencias, condiciones, eventualidades, caidas, circunstancias.

Amamos y admiramos aquellos que muy por encima de las circunstancias, muy encontra de los vientos y las mareas... logran al final, vencer y encontrarse en un abrazo que promete la felicidad eterna... pero no nos percatamos de que nuestra vida es precisamente eso.

Dios creo el mas perfecto de los mundos, un mundo en transito que es una gran PRUEBA DE AMOR, un campo de batalla, un mundo inospito, desconocido donde el aventurero puede poner en juego su vida, su corazón, su salud, en una palabra todo su ser, en pos de ese AMOR eterno.. donde Dios pone a prueba la fidelidad del hombre y lo lleva a las mas altas cotas de sufrimiento, dolor, desaveniencias, donde las circunstancias parecen invencibles, donde los problemas inagotables, las mareas muy altas, las bestias sobrepasando nuestra voluntad, los caminos escabrosos y dificiles, las montañas parecen unterminables, los enemigos mas fuertes, ... ahi es donde precisamente Dios nos pone, por que CONFIA en nosotros.. confia en sus hijos.. ahi es donde el don mas preciado del ser humano toma sentido, la LIBERTAD... , la voluntad, la entrega.. el Amor...

Por eso el que no sabe de dolores no sabe de Amores, no por que el Amor sea sufrimiento, si no precisamente por que el amor se PRUEBA en el dolor y en la dificultad, por que es ahi donde se pone en riesgo el todo por el todo...

No se engañen,, el Amor, la Fidelidad, la Felicidad, se curten, nacen, se prueban de la entrega, el sacrificio, la inagotable voluntad humana que a pesar de todo, a pesar de todas las circunstancias se confia al Amor de Dios y al final vence... al final logra de una vez y por siempre vencer hasta la misma muerte...

La Batalla ha sido ganada... la Verdad ha sido revelada y camino entre nosotros, se entrego por nosotros.

ESTO NO ES PSICOLOGIA...


He observado una tendencia de la cual yo también a veces soy parte, de usar a Dios y el cristianismo como un monton de frases, doctrina, ideas, comportamientos, leyes que rigen al hombre y van transformando su psique para tener una vida "mejor"...

Pero esto puede resultar peligroso ya que entonces convertimos al Cristianismo en otro "curso" de superacion personal.

Debemos recordar y muy claro lo que dice el Papa Benedicto XVI en su enciclica... Se comienza a ser Cristiano con el ENCUENTRO DE UNA PERSONA que es Jesucristo.

Es muy tentador reducir nuestra religion a un monton de frases "Dios te ama!", "Ama a todos" "Se feliz!" .. o a pura doctrina "Has esto, no hagas esto, esto es asi, esto no es asi, o a pura ley "Si haces esto moriras" "Si haces esto viviras" convirtiendola en moralismo falso ...

Es tentador convertir el Cristianismo en un recurso psicologico para sentirnos mejor, para llenar superficialmente el hambre de Dios.

Debemos recordar que lo mas importante es ese ENCUENTRO PERSONAL, de ahi nace la FE, la ESPERANZA y el VERDADERO AMOR... y para tener ese encuentro personal se requieren tres cosas, ORACION, GRACIA y COMUNION...

Oracion... Gracia en los Sacramentos de la Iglesia y COMUNION ESPIRITUAL con la misma...

Uno se da cuenta que esta viviendo un Cristianismo como un curso de superacion personal, cuando olvida orar y guardar silencio ante Dios, cuando olvida los Sacramentos y no tiene Fe de que realmente estos tienen una accion de Gracia sobre nosotros, que no sentimos y no vemos pero esta latente... cuando uno prefiere hacerlo todo el Solo por que es "hijo de Dios" y todo lo puede, y olvida pedir humildemente en la oracion... cuando uno olvida que no se trata de salvarse uno mismo, si no de SALVARNOS TODOS.

El CRISTIANISMO es un Encuentro... PERSONAl, es como DESCUBRIR AL OTRO, a una persona..... no nos quedemos en la fase del primer enamoramiento, donde idealizamos a la otra persona y nos quedamos solo con la imagen y nada mas... no temamos conocer PERSONALMENTE y PROFUNDAMENTE A JESUCRISTO... a traves de la oracion, los sacramentos y su Iglesia... ese es el UNICO CAMINO... lo demás se quemara en el Juicio final.. las palabras bonitas se tornaran polvo, solo la Actitud del Corazon, las obras concretas que se hicieron en el SACRIFICIO de la misma Vida.. y solo cuando esto se hace por Dios en Dios y por Amor a Dios.. cuando se hace Junto con EL... solo asi lograremos que el Padre nos levante de las cenizas.. a la Vida Eterna.

lunes, 20 de septiembre de 2010

REAVIVANDO LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO


Por eso te invito a que reavives el don de Dios que recibiste por la imposición de mis manos. Porque Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio (2 Tm. 1, 6 - 7).

Los dones son los medios que el Espíritu nos da para expresar el amor de Cristo de manera concreta y práctica. Jesús dijo ¿Me amas? Apacienta mis ovejas (Jn 21, 15). El amor no es un don carismático, ni el don carismático más grande. El amor es un parte clave del modo en que Dios se propone que los dones carismáticos se manifiesten en nosotros: nuestro amor hacia los demás y la unidad de unos con otros.

Como advertimos en Juan 15, si las ramas no están en unidad unas con otras, no pueden dar fruto. Lo mismo ocurre con los dones del Espíritu utilizados en nuestros grupos de oración, comunidades y grupos de compartir. Las relaciones no reconciliadas coartan el libre ejercicio de los dones. Donde hay desunión, hay pecado y el salario del pecado es la muerte. Por otro lado, las relaciones más profundas, más comprometidas, que vienen de compartir nuestras vidas, dan a la gente la sensación de pertenencia y el valor para arriesgarse a equivocarse, sin el caul los dones desaparecen sin ser utilizados: Si alguna de mis ramas no produce fruto, el la corta y limpia toda rama que produce fruto apra que de más (Jn 15, 2).

El amor no solo motiva, libera y purifica los dones espirituales, el amor también los hace auténticos. Pablo desafía (1 Co 14, 37) la pretensión de los corintios de ser "espirituales" porque tienen estos dones..., mientras existe la envidia y la disensión entre ellos. La persona verdaderamente espiritual es la persona del amor. Sin amor, les dice, son como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Incluso con más fuerza, el apóstol Mateo desafía a todos lo que poseen dones espirituales a que sepan que sin amor no son nada, no tiene valor. En el capítulo 7, habla acerca del amor, de evitar el juicio, de tratar y de dar frutos. Luego como un desafío a todo carismático, cita a Jesús diciéndonos: En el día del juicio muchos dirán: "Señor, Señor profetizamos en tu nombre y en tu nombre arrojamos los demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros. Yo les diré entonces: No los reconozco. Aléjense de mi todos los malhechores" (Mt 7, 22 - 23).

Necesitamos reavivar los dones carismáticos con esperanza constante y también necesitamos orar para una nueva fusión de amor.

LOS DONES EXTRAVAGANTES DE DIOS


Lectura bíblica: Juan 14:12–14

Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Juan 14:13


Miguel se impulsa sobre el borde de un cerro empinado. Querido Dios, ora mientras su patineta va tomando velocidad en la nieve, ayúdame a realizar este doble salto mortal, con un giro de 360 grados y con los ojos vendados, para que todos los que me observan piensen que soy estupendo.

Alicia coloca la mano sobre la hoja del examen de multiplicación que acaba de terminar y ora: Señor, no espero que mis respuestas sean perfectas. Pero por favor haz que tenga suficientes respuestas correctas para no tener que volver a tomar el examen.

¿Qué es lo más extravagante que jamás le hayas pedido a Dios? ¿Le has pedido que del cielo te caiga una bolsa de diez kilos de dinero? ¿Que aparezca un perrito debajo del árbol de Navidad? ¿Que ese corte terrible de cabello que te hicieron crezca milagrosamente antes de que alguien te vea?
Jesús dijo que podemos pedirle todo. Escucha bien: Dijo ¡todo!

¿Realmente quiso Jesús decir eso? ¿Qué te parece? Tómate un minuto o dos para explicar lo que tú piensas que quiso decir.

Juan 14:13 dice que Jesús quiere ayudarnos a dar a conocer la grandeza de Dios. Esta es la clave:

Tu oración por todo en el nombre de Jesús

+ la respuesta perfecta de Jesús a tu oración

= Gloria para el Padre

Fíjate lo que pasa cuando oramos: Cuando oramos en el nombre de Jesús, estamos diciendo que lo que pedimos sea contestado del modo que Jesús sabe es el mejor. Como Jesús siempre sabe qué es lo que muestra la “gloria” de Dios (lo que le dará honra por su gran sabiduría poder y amor), siempre recibimos la respuesta correcta. La respuesta correcta nos ayuda y genera la alabanza que Dios merece.

Piensa acerca de cómo funciona eso en la vida real. Podemos pedirle a Jesús que haga que todas las respuestas incorrectas del examen se transformen milagrosamente en las correctas. Pero él sabe que podemos desarrollarnos mejor y glorificar más a Dios si él nos ayuda a llegar a ser fuertes y listos por estudiar mucho. Así que a lo mejor no nos salva de una mala calificación, pero nuestra oración lo lleva a hacer lo que resulta ser lo mejor para nosotros.

Así que adelante, pídele a Dios todo. Pero pídeselo en el nombre de Jesús. Deja que Jesús decida la mejor manera de responder. Si no obtienes exactamente todo lo que pides en oración es porque Jesús conoce una manera mejor de dar la gloria a Dios por medio de ti.

PARA DIALOGAR: ¿Qué te parece la idea de que Dios siempre quiere hacer lo mejor para ti? Su mejor respuesta a tus oraciones lo glorifica a él al demostrar su grandeza.
PARA ORAR: Señor, es un privilegio pedirte lo que queremos; también sé que contestarás nuestras oraciones en formas que nos ayuden a crecer y que te glorifiquen a ti.
PARA HACER: Confecciona un cartel para colocar en la puerta del refrigerador, que diga: “¡Quiero lo mejor que Dios me puede dar!”

domingo, 19 de septiembre de 2010

EL SECRETO DE LA VOCACION: EL SILENCIO


BENEDICTO XVI

¡Queridos jóvenes!

¡Ante todo quiero deciros que estoy muy contento de encontraros! Doy las gracias a Dios por esta posibilidad que me ofrece de permanecer un poco con vosotros, como un padre de familia, junto con vuestro obispo y vuestros sacerdotes. ¡Os doy las gracias por el afecto que me manifestáis con tanto calor! Pero os doy las gracias también por lo que me habéis dicho, a través de vuestros dos “portavoces”, Francesca y Cristian. Me habéis hecho preguntas, con mucha franqueza, y, al mismo tiempo, habéis demostrado tener puntos firmes, convicciones. Esto es muy importante. Sois chicos y chicas que reflexionan, que se preguntan, y que tienen también el sentido de la verdad y del bien. Es decir, sabéis usar la mente y el corazón, ¡y esto no es poco! Al contrario, diría que es lo principal en este mundo: aprender a usar bien la inteligencia y la sabiduría que Dios nos ha dado. La gente de esta tierra vuestra, en el pasado, no tenía muchos medios para estudiar, ni tampoco para afirmarse en la sociedad, pero poseía lo que hace verdaderamente rico a un hombre y una mujer: la fe y los valores morales. ¡Esto es lo que construye a las personas y la convivencia civil!

De vuestras palabras surgen dos aspectos fundamentales: uno positivo y uno negativo. El aspecto positivo viene desde vuestra visión cristiana de la vida, una educación que evidentemente habéis recibido de los padres, de los abuelos, de los demás educadores: sacerdotes, profesores, catequistas. El aspecto negativo está en las sombras que oscurecen vuestro horizonte: son los problemas concretos, que hacen difícil mirar al futuro con serenidad y optimismo; pero son también los valores falsos y los modelos ilusorios, que nos vienen propuestos y que prometen llenar la vida, mientras que en cambio la vacían. ¿Qué hacer, entonces, para que estas sombras no lleguen a ser demasiado pesadas? ¡Ante todo, veo que sois jóvenes con una buena memoria! Sí, me ha impresionado el hecho de que hayáis recordado frases que pronuncié en Sydney, en Australia, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2008. Y también habéis recordado que las JMJ nacieron hace 25 años.


Pero sobre todo habéis demostrado tener una memoria histórica ligada a vuestra tierra: me habéis hablado de un personaje nacido hace ocho siglos, san Pedro Celestino V, ¡y habéis dicho que lo consideráis aún muy actual! Véis, queridos amigos, de esta forma, tenéis, como se suele decir, “un talento de más”. Sí, la memoria histórica es verdaderamente un “talento más” en la vida, porque sin memoria no hay futuro. ¡Una vez se decía que la historia es maestra de vida! La cultura consumista actual tiende en cambio a aplanar al hombre en el presente, a hacerle perder el sentido del pasado, de la historia; pero haciendo así le priva también de la capacidad de comprenderse a sí mismo, de percibir los problemas, y de construir el mañana. Por tanto, queridos y queridas jóvenes, quiero deciros: el cristiano es uno que tiene buena memoria, que ama la historia e intenta conocerla.

Por esto os doy las gracias, porque me habláis de san Pedro del Morrone, Celestino V, y sois capaces de valorar su experiencia hoy, en un mundo tan distinto, pero percisamente por esto necesitado de redescubrir algo que valga siempre, que sea perenne, como por ejemplo la capacidad de escuchar a Dios en el silencio exterior y sobre todo interior. Hace poco me habéis preguntado: ¿cómo se puede reconocer la llamada de Dios? Y bien, el secreto de la vocación está en la capacidad y en la alegría de distinguir, escuchar y seguir su voz. Pero para hacer esto, es necesario acostumbrar nuestro corazón a reconocer al Señor, a sentirle como una Persona que está cerca de mí y me ama. Como dije esta mañana, es importante aprender a vivir momentos de silencio interior en el día a día para ser capaces de escuchar la voz del Señor.


Estad seguros de que si uno aprende a escuchar esta voz y a seguirla con generosidad, no tiene miedo de nada, sabe y siente que Dios está con él, con ella, que es Amigo, Padre y Hermano. Dicho en una palabra: el secreto de la vocación está en la relación con Dios, en la oración que crece precisamente en el silencio interior, en la capacidad de escuchar que Dios está cerca. Y esto es verdad tanto antes de la decisión, en el momento, es decir, de decidir y de partir, como después, si se quiere ser fieles y perseverar en el camino. San Pedro Celestino fue ante todo esto: un hombre de escucha, de silencio interior, un hombre de oración, un hombre de Dios. Queridos jóvenes: encontrad siempre un espacio en vuestras jornadas para Dios, ¡para escucharle y hablarle!

Y aquí, quisiera deciros una segunda cosa: la verdadera oración no es de hecho extraña a la realidad. Si rezar os alienara, os quitase de vuestra vida real, estad en guardia: ¡no sería verdadera oración! Al contrario, el dialogo con Dios es garantía de verdad, de verdad consigo mismo y con los demás, y por tantode libertad. Estar con Dios, escuchar su Palabra, en el Evangelio, en la liturgia de la Iglesia, defiende de las fascinaciones del orgullo y de la presunción, de las modas y de los conformismos, y da la fuerza de ser verdaderamente libres, incluso de ciertas tentaciones enmascaradas de cosas buenas. Me habéis preguntado: ¿cómo podemos estar en el mundo sin ser del mundo? Os respondo: precisamente gracias a la oración, al contacto personal con Dios. No se trata de multiplicar las palabras – ya lo decía Jesús –, sino de estar en la presencia de Dios, haciendo propias, en la mente y en el corazón, las frases del “Padre Nuestro”, que abraza todos los problemas de nuestra vida, o también adorando la Eucaristía, meditando el Evangelio en nuestra habitación, o participando con recogimiento en la liturgia.


Todo esto no separa de la vida, sino que ayuda a ser verdaderamente uno mismo en todo ambiente, fieles a la voz de Dios que habla a la conciencia, libres de los condicionamientos del momento. Así fue para san Celestino V: él supo siempre actuar según su consciencia en obediencia a Dios, y por ello sin miedo y con gran valor, también en los momentos difíciles, como los relacionados con su breve Pontificado, no temiendo perder su propia dignidad, sino sabiendo que ésta consiste en estar en la verdad. Y el garante de la verdad es Dios. Quien le sigue no tiene miedo ni siquiera de renunciar a sí mismo, a su propia idea, porque “quien tiene a Dios, nada le falta”, como decía santa Teresa de Ávila.

¡Queridos amigos! La fe y la oración no resuelven los problemas, pero permiten afrontarlos con una luz y una fuerza nueva, de una forma digna del hombre, y también de forma más serena y eficaz. Si miramos a la historia de la Iglesia veremos que es rica en figuras de santos y beatos que, precisamente partiendo de un diálogo intenso y constante con Dios, iluminados por la fe, supieron encontrar soluciones creativas, siempre nuevas, para responder a las necesidades humanas concretas en todos los siglos: la salud, la instrucción, el trabajo, etc. Su arrojo estaba animado por el Espíritu Santo y por una amor fuerte y generoso por los hermanos, especialmente por los más débiles y desfavorecidos.


¡Queridos jóvenes! ¡Dejáos conquistar totalmente por Cristo! ¡Poneos también vosotros, con decisión, sobre el camino de la santidad, es decir, de estar en contacto, en conformidad con Dios – camino que está abierto a todos – porque esto os hará ser también más creativos en buscar soluciones a los problemas que encontráis, y en buscarlos juntos! He aquí otro signo distintivo del cristiano: nunca es un individualista. Quizás me diréis: pero si miramos, por ejemplo, a san Pedro Celestino, en la elección de la vida eremítica ¿no era quizás individualismo, fuga de las responsabilidades? Cierto, esta tentación existe.


Pero en las experiencias aprobadas por la Iglesia, la vida solitaria de oración y de penitencia está siempre al servicio de la comunidad, abre a los demás, nunca está en contraposición con las necesidades de la comunidad. Los eremitorios y monasterios son oasis y manantiales de vida espiritual de donde todos pueden beber. El monje no vive para sí mismo, sino para los demás, y es por el bien de la Iglesia y de la sociedad por lo que cultiva la vida contemplativa, para que la Iglesia y la sociedad puedan estar siempre regadas por energías nuevas, por la acción del Señor. ¡Queridos jóvenes! ¡Amad a vuestras comunidades cristianas, no tengáis miedo de comprometeros en vivir juntos la experiencia de fe! ¡Quered mucho a la Iglesia: os ha dado la fe, os ha hecho conocer a Cristo! Y quered mucho a vuetsro obispo, a vuestros sacerdotes: con todas nuestras debilidades, los sacerdotes ¡son presencias preciosas en la vida!

El joven rico del Evangelio, después de que Jesús le propuso dejar todo y seguirle – como sabemos – se fue de allí triste, poque estaba demasiado apegado a sus bienes (cfr Mt 19,22). ¡Yo en cambio leo en vosotros la alegría! Y también este es un signo de que sois cristianos: que para vosotros Jesucristo vale mucho, aunque sea comprometido seguirle, vale más que cualquier cosa. Habéis creído que Dios es la perla preciosa que da valor a todo lo demás: en la familia, en el estudio, en el trabajo, en el amor humano... en la vida misma. Habéis comprendido que Dios no os quita nada, sino que os da el ciento por uno y hace eterna vuestra vida, porque Dios es Amor infinito: el único que sacia nuestro corazón. Me gustaría recordar la experiencia de san Agustín, un joven que buscó con gran dificultad, durante mucho tiempo, fuera de Dios, algo que saciase su sed de verdad y de felicidad. Pero al final de este camino de búsqueda ha comprendido que nuestro corazón está sin paz mientras que no encuentre a Dios, mientras no repose en Él (cfr Las Confesiones 1,1).


¡Queridos jóvenes! ¡Conservad vuestro entusiasmo, vuestra alegría, la que nace de haber encontrado al Señor, y sabed comunicarla también a vuestros amigos, a vuestros coetáneos! ¡Ahora debo irme y debo decir que siento mucho dejaros! ¡Con vosotros siento que la Iglesia es joven! Pero me voy contento, como un padre que está sereno porque ha visto que los hijos están creciendo y están creciendo bien. ¡Caminad, queridos chicos y queridas chicas! Caminad en el camino del Evangelio; amad a la Iglesia, nuestra madre; sed sencillos y puros de corazón; sed humildes y generosos. Os confío a todos a vuestros santos patronos, a san Pedro Celestino y sobre todo a la Virgen María, y con gran afecto os bendigo. Amén.

CATOLICOS: NO SEAIS MEDIOCRES, SED SANTOS


Benedicto XVI
“Todos quieren la felicidad, pero muchísima gente nunca la encuentra”

LONDRES, viernes 17 de septiembre de 2010 “ Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI”, dijo el Papa Benedicto XVI hoy a cerca de 4.000 estudiantes católicos británicos.

“Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila”, afirmó, sino aspirar a un “horizonte mayor”. “No os contentéis con ser mediocres”, les exhortó.

Acompañado por el obispo de Nottingham y presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza, monseñor Malcolm P. McMahon, el Papa presidió, en el campo deportivo del St Mary’s University College la Fundación John Paul II para el Deporte, ante miles de estudiantes y en conexión on line con todas las escuelas católicas británicas.

“No es frecuente que un Papa u otra persona tenga la posibilidad de hablar a la vez a los alumnos de todas las escuelas católicas de Inglaterra, Gales y Escocia”, comenzó su discurso el Papa. “Y como tengo esta oportunidad, hay algo que deseo enormemente deciros. Espero que, entre quienes me escucháis hoy, esté alguno de los futuros santos del siglo XXI”.

“Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo jamás podríais imaginar y quiere lo mejor para vosotros. Y, sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad”, añadió.

“Quizás alguno de vosotros nunca antes pensó esto”, admitió, invitándoles a preguntarse “qué tipo de persona” les gustaría ser de verdad.

“Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices”.

“La felicidad es algo que todos quieren, pero una de las mayores tragedias de este mundo es que muchísima gente jamás la encuentra, porque la busca en los lugares equivocados”, afirmó Benedicto XVI.

Por ello, recordó, “la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón”.

El Papa quiso invitar a los jóvenes a “ser amigos de Dios”. “Cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. A medida que lo vais conociendo mejor, percibís el deseo de reflejar algo de su infinita bondad en vuestra propia vida”.

“Cuando todo esto comience a sucederos, estáis en camino hacia la santidad”, afirmó el Papa.

En este sentido, les invitó a ser “no sólo buenos estudiantes, sino buenos ciudadanos, buenas personas”.

“Recordad siempre que cuando estudiáis una materia, es parte de un horizonte mayor”, añadió.

“No os contentéis con ser mediocres. El mundo necesita buenos científicos, pero una perspectiva científica se vuelve peligrosa si ignora la dimensión religiosa y ética de la vida, de la misma manera que la religión se convierte en limitada si rechaza la legítima contribución de la ciencia en nuestra comprensión del mundo”.

“Necesitamos buenos historiadores, filósofos y economistas, pero si su aportación a la vida humana, dentro de su ámbito particular, se enfoca de manera demasiado reducida, pueden llevarnos por mal camino”, explicó el Papa.

También se dirigió a los alumnos no católicos que estudian en estas escuelas, exhortándoles a “sentirse movidos a la práctica de la virtud” y crecer “en el conocimiento y en la amistad con Dios junto a vuestros compañeros católicos”.

“Sois para ellos un signo que les recuerda ese horizonte mayor, que está fuera de la escuela, y de hecho, es bueno que el respeto y la amistad entre miembros de diversas tradiciones religiosas forme parte de las virtudes que se aprenden en una escuela católica”, concluyó.

HAGAMOS VIVA LA PALABRA DE DIOS


Es cierto que muchos jóvenes hoy se alejan del cristianismo. Sin embargo, ese alejamiento no hay que interpretarlo como si fuera igual al que tenía un típico ateo de finales de los años sesenta. Si un joven hoy se siente ajeno a la fe principalmente se debe a que nadie se la anuncia de una manera creíble. No es que en la estructura del corazón humano se haya dado una radical mutación antropológica.

El corazón humano posee una tensión constitutiva, un anhelo de plenitud que no se puede saciar con ideas, con conceptos y ni siquiera con valores – por sanos que estos sean -. Lo único que responde a la condición profunda de un joven es el encuentro con un gran amor, con un gran afecto que defina radicalmente la vida y que la reconduzca hacia un horizonte de libertad y no hacia una prisión.

Esto no lo puede hacer una abstracción. Esto no lo puede realizar una proyección de nuestra subjetividad alterada. Sólo lo puede hacer una Persona, un acontecimiento, un rostro concreto que me interpele y que me acoja de manera irrestricta, incondicional, absoluta.

UNA DE HEROES Y LEYENDAS


Me causa risa todas esas disciplinas que el hombre se impone en búsqueda de la “perfección”. ¿Quieres disciplina? Sigue a Cristo. Me causa hilaridad los que exaltan a la milicia como un lugar de fortaleza de la voluntad, el hombre se pierde en ideologías orientales que buscan el desapego en la despersonalización, los estoicos, los ascetas, todos ellos movidos por un sentido propio de grandeza, son sombras… ¿quieres trascendencia? se Cristiano.

El hombre vano se jacta de su frialdad y calculo ¿quieres frialdad y calculo? intenta perdonar a tu enemigo.. aquel que asesino a tus hijos…. el militar se vanagloria de su disciplina y voluntad… ¿quieres disciplina y voluntad? intenta dominar tus pasiones mas inflamables todos los días de tu vida… mientras practicas la virtud contraria a las mismas…, los orientales buscan el desapego heroicamente, en el desprecio del deseo… ¿quieres heroísmo? no dejes de desear, pero elevate sobre el deseo en el deseo del bien supremo. El cínico desprecia todo y se aplaude por eso… ¿quieres gloria? ama todo y sufre por ello.. ¿que es un hombre sin amor? ¿y que es un hombre que amando no aprende a soportar con fortaleza el sufrimiento?. Las leyendas de hoy son los “valientes” que se atreven a entregarse a sus mas abominables y tiránicos deseos… ¿quieres ser leyenda? aprende a decir que no a tus sentidos… cuando el cuerpo pida ira, responde con mansedumbre y compasión, cuando pida lujuria responde con respeto y cariño.

Los estoicos se quitan la vida ante la vanidad de lo mundano... los Cristianos convierten lo mundano en sagrado, los que buscan la justicia, no pueden soportar que se les aplique a ellos mismos… busca la verdadera justicia… reconoce tu propio pecado y delito… ¿o no tienes el suficiente valor?

El héroe es quien camina por los polvorientos caminos de la vida en busca de la Justicia verdadera,
la justicia que salva.. que mira hacia abajo solo para levantar al caído, y mira hacia arriba solo para recordar Quien ha bajado hasta nosotros, Quien es quien nos pide ser heroes como El, no como las falsas leyendas que el hombre ha creado y que se han perdido y han perdido todo lo humano… que han olvidado el amor, que no han sangrado aun, ni han sonreído todavía, no han compartido con el que nada tenia, no han dado luz a quien en sombras se envolvía, no ha perdonado a quien todo le debía, no ha rezado por quien muerto lo quería, no ha llorado por ver perderse lo amado, no ha dejado de respirar por haber sido traicionado, ni ha sido Fiel en la infidelidad, ni ha buscado la verdad en la confusión, ni ha hablado con quien nadie quiere hablar, ni salvado a quien pareciera no poderse salvar... ni ha creido en la tragedia, ni ha caido cansado al amar.. casi muerto, casi si nada mas que dar, casi sin esperanza, pero esperando a la vez despertar en un lugar sin fronteras.. y por fin tal vez encontrar, aquello que siempre ha buscado.. a aquellos que siempre ha estado buscando.. a aquel que siempre lo estuvo acompañando.. en su propia historia… aquella en la que solo triunfan los verdaderos héroes que ante el mundo cuelgan perdidos, ante la locura de la cruz.

Carlos José Bartolomé Santos

LA ORACION Y REZO


En esta semana que ha sido muy difícil, no hay mayor consuelo que la oración, pero ¿que pasa cuando al rezar y orar se siente un vació, cuando no se logra realmente dialogar con Dios?. Intente con el Padre Nuestro, el Ave Maria, el Rosario y simplemente... nada.

Entonces, en el momento culminante de mi desesperación y soledad se me vino una “frasesita” que recuerdo de hace mucho de un viejo canto en latin: «mihi quoque spem dedisti» “A mi también me diste esperanza” y de repente, el torrente de la oración se hizo posible y fue abierto por ese pequeño verso, que a su vez me recordó de lo que trata todo el canto, me refiero al Dios Israel. Que por cierto quien seguramente podria ayudarme en estos momentos seria el Padre Goyito, puesto que siempre encuentra una motivacion para llenarnos y seguir en este duro caminar.

Pero mi reflexión va mas bien enfocada al hecho de que me parece que el centrarse solo en el Padre Nuestro y el Ave Maria y el Rosario, puede llegar a limitar los momentos de oración.

Toda la Biblia es un canto y un salmo que nos ponen en dirección a encontrar las palabras para comenzar un dialogo con Dios. No dudo de la espiritualidad de los hombres que rezan el rosario todos los días, pero habemos otro tipo de personas que eso no es suficiente para lograr “entrar” allí delante del santo, santo santo.

Rescatar la poesía de los salmos y otros cantos religiosos con toda esa profundidad humana frente a Dios, es algo que deberíamos de hacer. De la misma manera en que Jesucristo nunca nos dio formulas para hacer las cosas, tampoco dejo el Padre nuestro como única manera de rezar, ¿cuentas veces el rezo se convierte en simple balbuceo repetitivo y no en una manera de ponerse de frente a Dios?…. Los rezos son bellisimos, cuando disponen el corazón a ir mas alla… son solo aperitivos que nos ponen de frente y en compañía de Aquel que nos busca.

Recuerda, Jesús piadoso,
que fui causa de tu camino:
no me pierdas aquel Día.

Tratando de encontrarme, te sentaste fatigado;
me redimiste, padeciendo en la cruz:
¡tanto trabajo no sea inútil!

Tu, que absolviste a María
y que escuchaste al ladrón,
también a mí me has dado esperanza.

Ruego suplicante y de rodillas,
el corazón contrito, como en cenizas:
¡Lleva tú el cuidado de mi fin!